Lo que pasa es que hay veces en las que el pan está un poco chuchurrío. O duro. O, como ahora, no hay.
Y es en estos casos cuando sale a relucir nuestro carácter latino (“latino” de la antigua Roma, nada que ver con Shakira). Eso que nos impulsa a reírnos y jugar hasta con las cosas de comer. ¡Circo, circo!

Al abuelo Juanjo.
Que, además de haberlas visto de todos los colores, guarda papeles de cuando a Franco ya le venía mal seguir ejerciendo el incomprendido oficio de dictador y me los manda para que los ponga aquí. Y yo lo pongo, que soy muy obediente.
P.D. Mis antecesores son más modernos que los patinetes de Regreso al futuro, que-lo-se-pas.
